Árbol de Huaya en la zona central del hotel.

Árbol Huaya Mérida: el secreto detrás de las 13 habitaciones de Künük

Si te hospedas en Künük, lo primero que probablemente notes no sea el techo de tu habitación, sino un secreto que crece justo arriba de ella: la copa frondosa de un árbol de Huaya en el centro de la propiedad, con las suites distribuidas alrededor suyo como pétalos alrededor de un centro. Un detalle tan asombroso que define todo lo demás.

Árbol ubicado en el hotel: cómo el Huaya central de Künük

¿Qué es un Huaya y por qué importa en Yucatán?

El Huaya (Melicoccus bijugatus, conocido en maya como wauyum) es un árbol frutal nativo, profundamente ligado a la vida doméstica de la península de Yucatán.

  • Puede alcanzar entre 15 y 25 metros de altura.
  • Tiene una copa densa y redondeada que da una sombra excepcionalmente generosa.
  • Produce racimos de pequeños frutos verdes con una pulpa dulce y jugosa que ha marcado la infancia de generaciones enteras en la región —su jugo es famoso, entre otras cosas, por manchar la ropa de forma casi permanente.

Pero más allá de la nostalgia, el Huaya tiene un papel funcional muy concreto: durante siglos ha sido uno de los árboles preferidos para los solares, los patios de las casas tradicionales yucatecas, precisamente porque resiste bien la sequía y el calor extremo, y porque su copa crea un microclima notablemente más fresco a su alrededor.

Pasillo del jardín en armonía con la arquitectura biofílica que distingue la región

Arquitectura biofílica: diseñar alrededor de la vida, no encima de ella

La arquitectura tradicional yucateca resolvió el problema del calor mucho antes de que existiera el aire acondicionado, y lo hizo organizando las casas alrededor de un patio central.

Este diseño no es solo estético: los patios actúan como verdaderos pulmones térmicos, generando microclimas que pueden llegar a ser entre 4 y 6 grados más frescos que la calle, y favoreciendo la ventilación cruzada que recorre los espacios interiores.

Cuando Künük restauró la casona de 1905 que hoy ocupa, esta lógica se mantuvo intacta y se llevó un paso más allá: en lugar de talar el árbol que ya existía en el predio para ganar espacio construible, las 13 habitaciones se diseñaron y distribuyeron alrededor de él. El Huaya no es un elemento decorativo que se añadió después; es el eje sobre el que se trazó el plano del hotel.

Esto es, en esencia, lo que hoy se conoce como arquitectura biofílica: diseñar con la naturaleza existente como punto de partida, en lugar de imponer una estructura y después intentar “verdear” lo que quedó.

La diferencia es sutil en el papel, pero se siente de inmediato al caminar por los corredores de Künük: la luz que entra filtrada por las hojas, la temperatura que baja sin necesidad de un solo aparato, el sonido del viento moviendo la copa.

Pasillo del hotel con una salida al jardín con alberca

Un ecosistema de 13 habitaciones

El Huaya no vive solo. A su alrededor, el jardín de Künük funciona como una pequeña reserva natural dentro del Centro Histórico de Mérida: helechos, palmas y lirios de agua conviven con aves, peces y otras especies que han encontrado refugio en este pequeño fragmento de vegetación rodeado de calles, casonas y tráfico urbano.

En una ciudad donde el crecimiento ha ido reduciendo progresivamente la cobertura vegetal de los patios tradicionales, conservar —y construir alrededor de— un árbol de gran tamaño no es un gesto menor. Cada árbol nativo que se mantiene en pie dentro del tejido urbano contribuye, aunque sea a pequeña escala, a:

  • Mitigar el efecto de isla de calor.
  • Dar refugio a polinizadores y aves.
  • Recordar que la ciudad y la selva yucateca no son dos cosas separadas, sino capas de un mismo paisaje.
Mujer entrando a la zona habitacional donde se encuentra el árbol de huaya

Por qué esto importa más allá de la foto bonita

Es fácil ver un árbol enorme en el centro de un hotel y pensar únicamente en lo instagrameable que resulta. Y sí, lo es. Pero la decisión de construir alrededor de un árbol existente, en lugar de removerlo, tiene implicaciones que van más allá de la estética:

  1. Conserva biodiversidad urbana en una zona densamente construida del centro de Mérida.
  2. Reduce la dependencia del aire acondicionado, gracias a la sombra y el microclima que genera el patio central.
  3. Preserva una práctica arquitectónica tradicional que demuestra que la sustentabilidad no siempre requiere tecnología nueva, sino recuperar soluciones que ya funcionaban.

La próxima vez que te sientes bajo la sombra del Huaya en Künük, con un café o un mezcal en la mano, vale la pena recordar que ese árbol no está ahí por casualidad ni por decoración: es, literalmente, el corazón alrededor del cual se diseñó todo lo demás.